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Los misioneros Oblatos que sirven en Venezuela informan que todas sus comunidades se encuentran a salvo tras el fuerte sismo que sacudió al país.
Mientras continúan las labores de rescate en las zonas más afectadas, los Oblatos permanecen cerca de las comunidades a las que sirven, donde el colapso de edificios, la saturación de los hospitales y el desplazamiento de miles de personas han agravado una situación humanitaria que ya era sumamente frágil.
Protegidos por la distancia
«Nuestros Oblatos están bien», escribió el padre Javier ÁLVAREZ, Superior de la Misión Oblata en Venezuela, en su primer reporte tras el sismo. «Estamos lejos del epicentro y no hemos tenido ninguna dificultad».
Mientras la distancia mantuvo a salvo a las comunidades oblatas, el terremoto dejó una profunda huella de devastación en otras regiones. Una de las zonas más golpeadas es La Guaira, donde los Oblatos han caminado junto a la gente durante los últimos años. Las personas cercanas a la misión no han reportado víctimas mortales, pero los daños materiales son enormes y numerosos edificios quedaron reducidos a escombros. Mientras los equipos de rescate continúan trabajando entre las construcciones colapsadas, las autoridades siguen evaluando la magnitud de la tragedia. Hasta el momento se han confirmado cerca de 200 personas fallecidas, una cifra que podría aumentar conforme los rescatistas logren acceder a las comunidades aisladas y continúen las labores de búsqueda.
Una crisis que se profundiza
Para muchas personas sobrevivientes, los días que vienen podrían ser aún más difíciles que el propio terremoto. Antes del desastre, el sistema de salud venezolano ya enfrentaba enormes limitaciones. Ahora los hospitales deben atender a cientos de personas heridas en medio de una grave escasez de medicamentos, insumos médicos y equipo esencial.
El sismo también ha dejado a miles de familias sin un lugar donde vivir. Con sus hogares destruidos o declarados inhabitables, muchas buscan refugio temporal mientras esperan recibir ayuda. Para un país que desde hace años enfrenta una difícil situación económica, esta tragedia representa una carga todavía más pesada.
La destrucción también alcanzó a comunidades de vida consagrada. En Caracas, el convento de las Hermanas Terciarias Capuchinas quedó completamente destruido. Aunque las religiosas se encuentran ilesas, la pérdida de su hogar refleja la realidad que hoy viven innumerables familias en las regiones afectadas.
Caminando junto al pueblo
Mientras las comunidades comienzan el largo camino de la reconstrucción, los Oblatos continúan acompañando a quienes han sido afectados por el terremoto. Piden a toda la Familia Oblata que mantenga en sus oraciones al pueblo venezolano, especialmente a quienes han perdido a sus seres queridos, sus hogares o su fuente de sustento, así como a los equipos de emergencia que trabajan para llevar ayuda a las comunidades más golpeadas.
Fotos@Caritas Venezuela








